FRASE CELEBRE

"Para mí, el mayor placer de la escritura no es el tema que se trate, sino la música que hacen las palabras." Truman Capote

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DEDICADO A MIS PADRES

martes, febrero 08, 2011

POR UNA DECISION






Según me contó Esmeralda una de mis vecinas, Marcelino se pegó un tiro al regresar de la última misión diplomática y después de escuchar todas las ofensas que le profirió su jefe inmediato, un prepotente y agresivo hombre de confianza del mago, peor según criterios muy cercanos que el resto de su calaña.

Me comentó que no habían tenido compasión con Marcelino pues después de más de 20 años dedicados a la causa, lo enterraron sin honores en una fosa común, y ni siquiera permitieron le pusieran la bandera sobre el féretro, cuando él seguía siendo cubano y militar por excelencia y dedicación.

Me aseguró que este hombre nunca fue traidor, al contrario defendía la causa con uñas y dientes, además de vivir siempre orgulloso del servicio que prestaba como fiel oficial del servicio de inteligencia y dedicado a viajar cada vez que le encomendaban una misión, unas veces bajo el disfraz de diplomático y otras de turista, pero siempre encargado a los mismos fines.

El se había criado en la zona de Sandino poblado rural del municipio de Guane Pinar del Rió, donde vivía ella cuando niña y a pesar de su rango dentro del aparato represivo, cada vez que visitaba a la familia, por lo menos se comportaba atento y elocuente con todos los vecinos, por lo que la gente a pesar de su trabajo lo respetaba y quería. Y no como a veces sucede por miedo, al contrario le profesan afecto sinceramente.

Observó que después del entierro sin honores, lo que provocó comentarios de todos tipos, y hasta llegaron a pesar sus propios compañeros que había traicionado la causa, “por el dichito ya trillado “de que en silencio ha tenido que ser”, nadie más lo mencionó, ni los jefes se ocuparon de la familia, entre ellos la anciana madre que estaba paralítica desde hacia muchos años.

Todo esto hasta un día que se enteró que había llegado a la zona una mujer en compañía de un niño de apenas dos años preguntando dónde vivía la familia de Marcelino.

Al fin hubo quien le informara y allá fue la señora a entrevistarse con Micaela la única de las hermanas que se encontraba en la casa en ese momento.

Después de los acostumbrados saludos y presentaciones comenzó el relato de los por qué y los por cuántos del suicidio de Marcelino.

Increíblemente al cabo de tanto tiempo la familia pudo conocer la verdadera causa y gracias a la visita de esta mujer llamada Magdalena que viajó desde la capital, con su hijo en brazos a contarle con detalles todo lo acontecido.

Así fue como la familia y los vecinos del lugar supieron que después del divorcio de Marcelino con la primera mujer, se conocieron y comenzaron una bonita relación de pareja.

Le comentó que sus padres se fueron a Miami, pero ella se quedó para terminar su carrera de Derecho, y que desde el principio hubo oposiciones por parte de los jefes de Marcelino, pero ella pensó limarlas con el tiempo, además su actitud nunca fue negativa, al contrario pertenecía a todas las organizaciones de masa, participaba en cuanto le encomendaban, y nunca se comunicó con sus padres en el exilio, y lo hizo para ayudar con su apariencia al joven.

Pero como se conoce todos los miembros del Ministerio del Interior, son analizados y acechados por el Orden Interior y ninguno puede tener vínculos con personas desafectas al sistema y mucho menos relaciones de pareja. Pero a pesar de todo lo que ella hizo a favor, no la aceptaron y cada vez que Marcelino tenía una reunión llegaba a su hogar molesto y quejándose de las incomprensiones de sus jefes.

Cuando salió del país en cumplimiento de la última misión, le pidió se cuidara mucho ella y el bebe que venia en camino.

Le dijo que lo notó triste, y pensativo, pero no quiso acosarlo con preguntas, aunque sabía que algo grave le sucedía.

Cuando regresó de este viaje al extranjero tuvo una reunión de más de cuatro horas, y llegó a su casa mucho más triste. A tantas preguntas le dijo que no querían siguiera con ella y aunque expuso lo del niño le dijeron que tenía que terminar con esa relación lo antes posible.

Ella trató de comprenderlo e incluso de dio opciones, pero el nada le respondió, al rato le dijo que iba a comprar cigarros y a las pocas horas le avisaron del suicidio, él que efectuó en una de las casas de visita destinadas a los interrogatorios.

Me dijo Esmeralda que la ira de la hermana se elevó al infinito y salió para el patio a todo grito maldiciendo al gobierno, al Mandatario, al tiempo perdido de su hermano, y hasta al pipi sigallo. Como podrán imaginarse en un dos por tres llegó el patrullero en compañía del DSE, (Departamento de Seguridad del Estado) a detener a la mujer por opositora, y en menos de 15 días ya le habían celebrado el juicio condenándole a tres años de privación de libertad por desacato a la primera figura, y de nada le sirvió mencionar al que fue su hermano, porque cuando lo supieron se ensañaron mucho más con ella.

Afirma que Magdalena la ex mujer de Marcelino, y el pequeño niño, tuvieron que solicitar la salida del país, e ir a Miami a reunirse con la familia de esta, pues a partir del suicidio del hombre, no cesaron los acosos y las persecuciones, incluso sin causas la expulsaron del trabajo.

EL FERROCARRIL EN CUBA

EL FERROCARRIL DE CUBA

La memoria es increíble y mientras más pasan los años nos adentramos con mayor facilidad en el pasado que en el presente.

Pienso se deba a eso que llaman "retroceso mental", pero a todos nos sucede lo mismo, por eso es que me pasó las noches recordando mi infancia y dentro de ella las visitas a Pinar del Río a casa de los abuelos y bisabuelos, fieles y arraigados en sus preciadas costumbres y amantes al oficio del ferrocarril por muchas décadas.

Así metida en los recuerdos me llega la bisabuela Carmen con sus fábulas asombrosas y su incansable deseo de regresar de paseo al Perico pueblo de la provincia de Matanzas, lugar donde llegó cuando vino como exiliada en un barco mercante con sus padres y hermanos de Canaria-España.

Sus relatos todos eran importantes y de inmensa sabiduría. En ellos nunca faltó una historia donde no me explicara de punta a punta el surgimiento de cada cosa. Siempre decía que para enriquecer mis conocimientos generales, a pesar de que mi corta edad no me dejaba abarcarlo todo, por eso hoy increíblemente llegan a mi mente con mucha más lucidez que en aquella época.

Recuerdo que una tarde de junio sentadas bajo la sombra del mamoncillo que cubría un buen espacio del patío, ella en un taburete de cuero de carnero y yo columpiándome en un neumático sujeto con una fuerte soga, invento de uno de mis tíos para que disfrutara de mis vacaciones escolares. Comenzó a relatarme la historia del Ferrocarril, porque estaba muy ligada a toda su parentela.

Después de un amplio suspiro, se refirió a la reina de España con un donaire muy propio de ella, después con orgullo me dijo que se llamaba María Cristina de Borbón y que fue la que autorizó a la Junta de Fomento en 1834 precisamente un 12 de diciembre a hipotecar sus rentas y así amortizar un préstamo con Inglaterra, lo que permitió el comienzo y la realización de la construcción de la primera línea de ferrocarril en Cuba.

Con una maestría inigualable me explicó que la responsabilidad de esta construcción estuvo a cargo de una empresa llamada Compañía de Caminos de Hierro que existía en La Habana, y fue la cual construyó los 27.5 kilómetros entre San Cristóbal de La Habana y Santiago de Bejucal, el 19 de noviembre de 1837, convirtiéndose en el primer ferrocarril de Latinoamérica y predecesor del de España.

A pesar del paso de los años no puedo imaginarme como mi bisabuelita podía guardar en su mente tantas fechas y nombres, y narrarlo todo como si con ello estuviera escribiendo una novela. Pero era así elocuente y divina, y muy cubana, a pesar de ser española, pero siempre dijo que la cubanía de su esposo, mi bisabuelo y la de sus hijos la hicieron a ella cubanísima y se reía con una adolescencia envidiable.

Para que aprendiera bien las historias de mi país, me pedía a veces hasta un poquito molesta, prestarle mucha atención y dejar de moverme en el neumático hamaca, por lo que detenía la soga por unos momentos y sin dejar de escucharla comenzaba a impulsarme nuevamente, hasta que la molestaba aun más y me decía con voz fuerte, que aprender no ocupaba tiempo y que una mujer culta valía por dos, entonces dejaba de mecerme y seguía escuchando detenidamente su interesante relato sobe el ferrocarril cubano.

Así fue como me expuso los detalles, de que para las obras de construcción de la línea férrea se emplearon a criollos, chinos, yucatecos, irlandeses y hasta fuerza de trabajo de Irlas Canarias y Estados Unidos.

Con la inauguración de esta línea, la Compañía de Caminos de Hierro de La Habana, se puso en marcha el primer ferrocarril cubano, español, y latinoamericano.

El primer viaje entre San Cristóbal de La Habana y Santiago de Bejucal se realizó durante una mañana lluviosa. Sin embargo no fue un obstáculo para que un público muy entusiasta se situara alrededor de los 27.5 kilómetros del recorrido para ver el ''monstruo de hierro'' arrojando un espeso humo negro por la chimenea y dando vivas a la reina Isabel II.

Aseguraba que este primer tren salió de la estación de Garcini, situada en la calle de Oquendo entre Estrella y Maloja, en la hoy Habana Vieja, y llevaba con sigo varios vagones con más menos unos setenta pasajeros, entre ellos personalidades y autoridades de la colonia.
Cuando llegaron a Santiago de Bejucal, los estaba esperando el Alcalde Corregidor y otras personalidades de esa ciudad.

El precio de la primera clase fue de 20 reales, segunda, 10 reales y los de tercera, 5 reales. El viaje de regreso salió a las 2 de la tarde con igual número de pasajeros. ! Todo una váratela! decía satisfecha y sonriente.

De esta forma Cuba se convirtió en pionera del ferrocarril en Latinoamérica y en el séptimo país en el mundo en poseer este medio de transporte.
El primer ferrocarril lo había logrado Inglaterra en 1825, seguido por Estados Unidos, Francia, Alemania, Bélgica y Rusia.

Cuando terminó con este relato tan interesante, me aseguró que había sido una inversión muy importante y costosa y que era necesario cuidarla y trabajar duro en ella para que perdurara como medio de transporte para todas las generaciones de cubanos.

Por eso nunca se fueron del poblado del Perico, pues tenían una casa al lado del mismo Ferrocarril, precisamente muy cerca de la puerta principal. Era de un señor de apellido Garay radicado allí, dueño del inmueble, y que como le tomó mucho aprecio a su papá se la prestó hasta que el pudiera mejorar su economía.

No pasaron ni tres días le dio empleo como mozo de la estación, después de los vagones, y posteriormente y gracias a su esfuerzo y entereza se convirtió en maquinista, y nunca se le olvidaría como disfrutaba cuando el tren se encontraba en mantenimiento, y velando al padre se la pasaban ella y su hemano pequeño metidos en el monstruo rodante, corriendo por dentro de los vagones, y saltando de uno para el otro.

! Muchos fueron los años metidos en el ferrocarril y en aquellas locomotoras seguidas de la enorme hilera de coches estridentes!, Repetía suspirando con satisfacción y llena de añoranzas.

Por suerte al tiempo consiguieron empleo en el mismo lugar sus hermanos, primero Pepe que era el mayor y después Gabriel, uno de los más chicuelos y así sucesivamente toda la familia fue pasando por el oficio del ferrocarril.

Unos de maquinistas, otros en la carga, venta de comestibles, y hasta uno fue mecánico, pero todos alcanzaron muchos logros y menciones por el buen desempeño y ganándose la confianza del dueño

Me contaba la bisabuela que uno de sus hobby era asomarse a la ventana de la casona a ver pasar el tren, saludar con un pañuelo a los hermanos y al padre, y después verlo perderse en la lejanía seguido por aquella caravana de vagones, que daban la impresión con el bamboleo que se iban a caer de un lado o del otro.

Afirmaba que en esta época el servicio de trenes era fabuloso, por su puntualidad, además no había cúmulo de pasajeros. Las mujeres viajaban con trajes de gala y sombreros con tules en el rostro, y finos equipajes. Los hombres de traje y unos sombreros que llamaban bombines, además de bastón, y no por cojera ,sino por elegancia.

Viajar en tren era un acto casi de lujo, y había vagones, compartidos y reservados, de diferentes clases, una cafetería al fondo, y sus baños bien equipados, sin contar con el servicio de ferromozas y conductores, intachables en conducta y corrección

La vivienda que habitaban desde que llegaron al lugar, era muy cerca al andén, por lo que la línea del tren pasaba casi pegado a la portada. Muchos vecinos de la estación al escuchar el pitazo se valían del mismo y saber la hora exacta, para levantarse, a ordeñar las vacas, irse al trabajo o a la escuela.

No más de una vez me contó haber esperado en la portezuela de la entrada a que su padre o hermano mayor le bajaran la canasta de leche y el pan para el desayuno que compraban en el pueblo aledaño

Así fue creciendo la familia y como es natural ella se casó con mi bisabuelo que era telegrafista de la misma estación de trenes. De esta unión nació mi abuelo Ramón, y tres varones más que como es natural siguieron el oficio, hasta que con el tiempo la terminal de Trenes del Perico llegó a ser propiedad de ellos.

Hasta sus nietos no más de una vez participaron en el aprendizaje ferroviario, porque se fue arraigando tanto en toda la familia aquel oficio que llegó a ser parte de sus vidas, y juró que cuando lo decía se le veía el orgullo en todas las expresiones del agrietado rostro. Y sin dejar de mirar al horizonte por la amplia ventana, o sentada en el patío se perdía en los recuerdos y respiraba profundamente como si el aire le trajera el olor a metal y petróleo que despiden los trenes.

En el año 60 llegó la intervención y el ferrocarril pasó a manos del estado. Situación que ocasionó la muerte por infarto de su esposo, mi bisabuelo, y la deserción para España de uno de sus hijos.

El resto continúo el trabajo bajo mando ajeno, por no desvincularse del oficio que llevaban en la piel y la sangre como herencia inevitable.

Pero el orgullo y la dignidad de mi abuelo Ramón no soportó la embestida del Estado, ni la muerte por esa causa de su padre y decidió mudarse para la provincia de Pinar del Río, llevándose con él a mi abuela, mi madre, mis cuatro tíos y a la bisabuela ya muy viejecita.

En Pinar del Río fueron a vivir a un reparto llamado Oriente, por casualidad cerca de la Terminal de Trenes enclavada en Calzada de La Coloma y Calle Virtudes, en la misma ciudad.

Ya sin mucha vista se sentaba en el comedor y mirando detenidamente para el reloj decía

-Son las cinco...Ya viene el tren... ¿No lo escuchan? -

Y en medio de sus lagunas mentales juraba escuchar el pitazo y se quedaba atenta creyendo que realmente era el tren que iba anunciando su entrada a la Terminal.

En el 1964 falleció después de cinco días en cámara de oxígeno. Yo era muy niña aun pero recuerdo que en el balbuceo agonizante seguía aferrada al pueblecito del Perico y a la Estación de trenes.

Pasaron los años y con ellos llegó la caída del Muro de Berlín y comenzó el desastre ferroviario unido a todos los demás desastres.

Lo que en vida fue la Compañía Ferroviaria se convirtió en un almacen de locomotoras inservibles.

Ya no había piezas para arreglarlas, los vagones de madera se fueron fracturando, los de metal oxidando, las ventanillas perdiendo los cristales, los cerrojos, los marcos. Los raíles descarrilándose, y comenzó el caos del servicio ferroviario unido al resto del transporte en general.

Como es natural al desestabilizarse las salidas diarias, se quedó un único tren funcionado que daba un recorrido de La Habana hasta Guane y viceversa, y otro de La Habana a Santiago de Cuba, por lo que salía cada dos o tres días, y como es natural ante la escases comenzaron las ventas de boletines ilegales a cincuenta pesos cada uno y hasta más.

Los pasajeros que no podían adquirir el boleto a través de la bolsa negra, se quedaban esperanzados a los posibles fallos, lo que ocasionaba tres y cuatro días de estancia, durmiendo sobre los bancos de la estación, o en el piso sobre cartones o periódicos.

La salida de un tren llegó a convertirse en una manifestación pública, donde hasta la policía tenía que intervenir y ni aun así dejaron de ocurrir robos de equipaje, fracturas de brazos, piernas, carteristas, y magullados debajo del tumulto entre otros desastres ocasionados por las carencias.

Hoy en la actualidad pensar en viajar en tren es casi una quimera, porque ninguno llega a su hora, ni al lugar de destino. Tampoco sale a la hora en que tiene marcada la salida, y muchos no salen a ninguna hora, porque están rotos, o descarrilados.

Dentro de ellos la suciedad se acrecienta, al igual que las cucarachas u otro inserto que se ven caminar por las ventanillas y asientos como Pedro por su casa.
Ni en los viajes largos se venden comestibles. El agua del bebedero no siempre existe y cuando la hay es caliente y con gusto a oxido.
La mayor parte de las veces los bebederos están rotos, al igual que los trenes, ya no se les puede llamar "Ferrocarriles de Cuba", sino "Cementerio de Ferrocarriles de Cuba"

Pienso que de continuar así el servicio ferroviario muy pronto desaparecerá de la faz de la tierra caribeña, por lo que considero que es mejor que mi abuela haya pasado a mejor vida, aunque la extrañe, y me duela mucho su ausencia, porque de vivir no podría soportar la destrucción de este medio de transporte que ella tanto admiró y disfrutó en sus recuerdos.

Pobre de mi bisabuela si supiera en qué se ha convertido esa mole de hierro que fue orgullo de nuestro país y de la cual ya no queda ni el silbato, volvería a morir, pero esta vez de tristeza y pena.

viernes, febrero 04, 2011

POEMA DESESPERADO


Voy a convivir con mis demonios

A colgar de sus costillas mi locura

Me duele el corazón de tanta horca

Me duele la razón

Me duele todo

Yo que siempre hablé el mismo idioma’

Y enfrenté las sombras dignamente

Sin condenar mis pensamientos

Ahora me cambio por un triste mendrugo

Me cambio por piedad

Me cambio por un gesto

Que no me sepa a miedo.

LIMPIA HOJA


Yo la simple muchacha sin alardes de maga

Subsisto y me aprisiono al compás de la espera

E infiltro mis oídos entre las ondas fúnebres

Me reclino y las miro pasar como gaviotas

Sobre las ensenadas y los pobres molinos

Que una vez confundieron los ojos del Quijote

Y ahora pierden sus aspas sin el menor conflicto

Yo la sensible y tierna que vive atrincherada

Entre la complicidad de sus ebrias paredes

Me niego a resignarme a que penetre el fango

Por la callejuelas de mi tierra inocente

Y me alzo y discuto

Sin importarme el pago de las rejas impías

Que esperan por mi violencia para oxidar mis huesos

De algo hay que morir

De algo hay que salvarse

Y no es filosofía

Ni siquiera el presagio que pregonan los brujos

Es toda mi dimensión expuesta al remolino

Es toda mi verdad

Como una limpia hoja

POEMA PARA NO MORIR


Escribiré un poema que se oponga a mi muerte

Con fábulas y metáforas místicas

Que traspase lo débil de mi cuerpo imperfecto

Mi cuerpo acostumbrado a morir diariamente

Entre la jungla impía y el bárbaro pretexto

O en la vidriosa polémica de los que sólo saben

Lamer las impurezas


Escribiré un poema

Que descienda como una llamarada

Me salve del nombre

Y me lleve por callejuelas de perfumes secretos

Como niña que despierta entre flores

Y no quiere que el tiempo

Marchite su inocencia.